Se fuman un cigarrillo dentro del carro sin importar que apeste a anestésico de pensamientos, tienen el rostro insatisfecho y el gesto es tenso, lleno de resentimiento con aquel cigarrillo que se consume con la velocidad de su calma, que arrea vivos muertos, que arrea un auto lleno de sacrificios, con el foco partido; con el vidrio arriba, el pie afuera y el humo impregnándose en los asientos, desechables como esa esfera que se apaga con un tacón, absurdo tacón adquirido en un mejor momento que solo recordar enfurece, tensa más los músculos de la cara, tensa más el día, adentro de nuevo, no hay más saluda. la caja guardada y vacía, se esfuman los restos.Los restos del nada de hoy. Del odio por esto. Ya solo hay cenizas de esos respiros asesinados bajo el fuego. Ya solo queda el calor y el humo de él. Ese quien. Ese esto.
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