jueves, 28 de abril de 2011

Dos paseantes distraídos han conseguido que el reloj de arena pare, que se despedace y así seguir el rumbo que el viento trace...

Cuando me detengo esos instantes en los hechos sucedidos me vuelvo como el viento, pero no soy viento, soy una especia de energía transparente y poderosa que se desplaza y atraviesa todos y cada uno de los elementos que puede imaginar mi mente, pasa por la junta entre losa y losa que cubre el mesón color mamón con textura de cocina, corre sin cesar y y moja junto al rojo con sabor extraño todo a su angosto paso, se extiende sin razón por todo lo demás que sucede a su alrededor, sin importar nada, arrasa con la tranquilidad de esos otros muertos y bordea los plásticos, se mete incluso donde no puedo verla más, cae, se hace tan ligera que no pesa nada y se vuelve tan fina que logro ver a través de ella, es hermosa con su fuerza y su pequeñes, me deja sin palabras porque sucede demasiado rápido y se convierte en la pieza siguiente del montón de infinitos que compiten por enredarse con los otros y formar parte de su nuevo puntual en transformación. No sé que sucede, despierto, me hago de nuevo yo, comprendo que no ha sido más que un desastre tipico y caracteristico de la falta de experiencia y gusto dentro de esos 9m2 hechos para seres especiales, bien lejos de este especial.

Y que fue eso?, vaya vaya, si la niña no había roto más espejos en los últimos 4 meses, solo partido un plato y perdido una sombrilla negra (Ajena) - se puede decir que son las constelaciones cayéndose a besos apasionados, los universos combinando nuevos tonos y arrojando colores impensables, podría decir que alguien en otra galaxia me imagina o que el plato decidió morir en trozos y dividirse en mil vidas mínimas ante mis ojos. Pasar, así, sin más. 

Así como paso yo, otro día, lento y suave. En la espera más fantástica que jamas he vivido. Es surreal, quien lo diría?, es la respuesta del universo. Que conspira y se enreda con otros para hacer esto, crear estos hechos, nada casuales, solo puntuales. Absolutos. Cuando nuestros ojos colores se observen por primera y única vez en nuestras existencias. Cuando nos apoderemos de un entorno que se desmoronará como cristales y se oirá caer como si fuera papel. Las luces se extenderán hasta el perfecto contacto. Nos pertenecemos. Ese es el infinito aquí y ahora. Eso es todo. Así de simple.

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